Cuando las luces de las bodegas se apagan y el vino ya se ha ganado su sitio en depósitos y barricas, el último compás de la sinfonía de la vendimia -ese acorde final que completa la partitura- llega con los orujos, que emprenden su propio viaje. Todavía traen memoria de mosto y de manos agrietadas. La uva ha contado la primera parte de la historia; el resto le pertenece a La Alcoholera de La Rioja, donde todo encuentra su segunda vida.
Porque el diario de vendimia no termina en el descube en bodega ni en la copa en el restaurante. Va mucho más allá. Termina cuando los orujos se transforma en materias primas valiosas. En La Alcoholera de La Rioja lo explican: «Nuestra misión es completar el círculo. Lo que antes era residuo ahora vuelve al mercado como energía, licores, aceites…». No es cuestión de magia, pero sí de oficio y constancia; un trabajo que cierra un círculo perfecto y convierte lo que parecía el final en un nuevo comienzo.
Así de bien, explica la periodista ✍🏼María Félez de NueveCuatroUno, el recorrido de los orujos que nos llegan de las bodegas después de la vendimia, y su transformación en productos de gran valor.
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📷 La foto del silo que recibe los orujos llegados de las bodegas, está tomada por el fotógrafo Fernando Díaz.



